El desarrollo tecnológico en general y la digitalización en particular han venido a acelerar el ritmo de cambio. La innovación se ha convertido en una palanca y medio imprescindible para sobrevivir en este nuevo entorno dinámico y competitivo en el que no todos sobrevivirán. Si la innovación es la sustancia que precipita la reacción del cambio, una buena implementación y ejecución es el catalizador del éxito de la transformación.

Hoy la pandemia de las grandes organizaciones es la Elefantosis: rigidez y lentitud. No se puede introducir de cualquier manera cualquier tecnología por mucha voluntad que se tenga. Por eso, todo cambio, especialmente los más disruptivos, deben ser coherentes con los valores, alineados con el know-how y la cultura; gestionados para que el equipo pueda digerirlos con motivación y liderados con lo que Justin Menkes denomina “Inteligencia Ejecutiva”.

En un proceso de transformación digital encontramos tres dimensiones protagonistas, que denominamos Core, Innovación New y Innovación Test, con dos correas de transmisión organizativas el SandBox y el Lab Tecnológico.

¿Qué es el Core? Es el cuerpo actual, los órganos vitales que hacen posible que la organización viva. Todo aquello que proporciona y genera valor actualmente, es decir, la empresa tal y como la conocemos y ha funcionado justo hasta el momento del cambio.

¿Qué es la Innovación New? Es toda aquella tecnología disruptiva e innovación que existe en el entorno; susceptible de explorar, analizar y experimentar.

¿Qué es la Innovación Test? Es, de todo el universo del New, la innovación y tecnología que finalmente no es rechazada y, una vez filtrada, adaptada y orientada a nuestra organización, se decide testar ya en real. Si bien, a modo piloto, para posteriormente, en caso de ser éxito, replicarla y escalarla en el Core.

La innovación va más allá, es extensiva a la gestión, organización y dirección, por tanto, la estructura organizativa debe adaptarse y transformarse también. Toda organización necesita un SandBox (del inglés caja de arena). Un espacio totalmente independiente a la organización donde, sin riesgos de contaminar a la matriz (el Core), pueda colaborar, realizar pruebas y ensayos tecnológicos de la mano de empresas, startups, universidades, otras organizaciones, etc. con el fin de explorarlo todo; desde el conocimiento hasta el talento. Para ello, hay que dotarla de recursos tanto económicos como humanos, siempre, con una filosofía de bajo coste (Bootstrapping en inglés). Nos ceñimos puramente a la prueba, exploración, aproximación y conocimiento de las posibilidades sin grandes inversiones. El equipo del SandBox, si bien no es necesario que sea propio de la organización, sí es importante que esté liderado por alguien que conozca perfectamente el Core de la organización con el fin de guiar y orientar, desde el embrión, todo experimento hacia una coherencia con la organización. Se trata de comenzar, libres y abiertos a toda oportunidad tecnológica, pero con foco.

Tras esta fase de exploración y experimentación en el Sandbox, aquella tecnología que realmente supere el filtro con cierta garantía de que ya puede aportar valor a la organización (la Innovación Test) entra en el Lab Tecnológico, otro espacio que hay que crear en la estructura.

¿Qué es el Lab Tecnológico? Es aquel lugar físico dentro de la propia organización donde, ya en real, también con mentalidad de bajo coste, se impulsan proyectos piloto con esa tecnología explorada y procedente del Sandbox. En el Lab Tecnológico testaremos, nos equivocaremos, pivotaremos, aprenderemos, mejoraremos, volveremos a testar, siempre en real, hasta que acertemos, y cuando sea un caso de éxito claro y contundente; entonces escalaremos y replicaremos al resto de la organización hasta pasar a formar parte del Core, minimizando así los riesgos al implementar globalmente esa tecnología e innovación.

Tanto el SandBox como el Lab Tecnológico deben funcionar como una startup, y cada proyecto en sí mismo también, buscando sinergias entre ellas. Deben ser equipos de alto rendimiento, pequeños, con recursos muy ajustados, con el fin de ser ágiles y flexibles. Que el error sea un aprendizaje, no letal, digerible con resiliencia, que permita pivotar y seguir intentándolo hasta convertirse en un claro caso de éxito. Ese reto sólo es posible con una mentalidad y con una filosofía y metodología basada en el modelo Lean CANVAS, sin miedo a equivocarse y con una clara vocación orientada a generar valor y resultados desde el principio.

Todo proceso de cambio es imposible sin un compromiso de la alta Dirección, una clara comunicación interna y una participación abierta a todas y cada una de las personas de la organización. Todos en mayor o menor medida deben sentirse motivados e implicados, estar alineados con la estrategia y comprometidos con el objetivo global. Volvemos a la necesidad de un liderazgo con mucha inteligencia ejecutiva, transmitiendo y viralizando ilusión. Si la visión de iniciar una transformación nace orgánicamente desde arriba, el éxito radica en que sea impulsado desde la base. Tal y como postulaba Steve Jobs: “la innovación no es cuestión de dinero, es cuestión de la gente que tengas, de cómo la diriges, es cuestión de personas”.

José Manuel Bonilla es Executive Director de Suma Gestión Tributaria